jueves, 31 de diciembre de 2020

Un mejor 2021 para todxs

 

Durante los primeros días de la pandemia en nuestro país, creo que todos y todas nos esperanzamos en que algo iba a cambiar radicalmente en el mundo. El impacto mortal en casi todo el planeta presagiaba una toma de conciencia global, una sensibilización sobre el daño ambiental que la humanidad viene causando, y una comprensión sobre las enormes desigualdades que construimos, que nos harían cambiar y trabajar por un mundo más justo. Nos alegramos al ver animales salvajes paseando por zonas urbanas, asombrados, como nosotros, por el brusco distanciamiento que nos alejó de nuestros seres queridos, de los abrazos sanadores y la repentina paralización de las actividades cotidianas.

A medida que el tiempo fue pasando, que el impacto inicial aminoró, las actitudes mezquinas de siempre fueron aflorando, tal vez agravadas por el peligro constante de contagio: gente que manifiesta que el virus no existe,  negadores del uso del barbijo y de las medidas de distanciamiento social, ideólogos de conspiraciones internacionales  que insistían que el virus había sido liberado a propósito, enajenados y enajenadas que compraban litros y litros de alcohol en todas sus variantes sin importarles desabastecer a sus vecinos, compradores compulsivos de papel higiénico, como si el virus causara una diarrea interminable, el aumento de precios indiscriminado de todos los artículos de limpieza y desinfección y de los alimentos, anti-aislamiento, anti-vacunas, anti-todo, en fin, peor que nunca. Descubrir paso a paso por la calle, uno, dos , diez barbijos tirados en las veredas, mudos testigos de la desidia y la falta de solidaridad por la salud del prójimo, contribuía al desencanto.

Y las vacunas. Inicialmente la competencia por quién la tendría primero, después las descalificaciones según la nacionalidad de su procedencia, luego países que compran cuatro o cinco veces más dosis de las que necesita su población, poniendo una vez más en evidencia las desigualdades y la prepotencia de los poderosos , y finalmente, cientos de periodistas en todo el mundo jugando una vez más en beneficio de enormes laboratorios que les pagan por sus comentarios favorables. Más los anti-vacuna ya nombrados, proponiendo una vuelta a los años oscuros de la época medieval.

Y el mundo seguirá andando. No sabemos hasta cuando si continuamos de la misma manera.

Por eso en esta reflexión en el final del 2020 y el comienzo de 2021, entiendo que la esperanza está en cada individuo pero pensando en su rol en la comunidad, en que no estamos solos ni solas, en que no nos salvamos solos ni solas, en que tenemos responsabilidad en esta sociedad que nosotros ayudamos a construir y también la tenemos en tratar de mejorarla pensando en el futuro de nuestros hijos, hijas, nietos y nietas. 


Feliz 2021. Carlos  Pantano.



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